Stoick Rising - Episodio 1

Stoick Rising - Episodio 1

• FEX

Episodio 1 – El Arca de la discordia 

El frío del suelo de piedra fue lo primero que sentí, o más bien, lo que dejó de doler cuando mi cuerpo finalmente se rindió. El santuario ancestral, que alguna vez fue un refugio de conocimiento, ahora no era más que un esqueleto de columnas rotas y escombros humeantes bajo la lluvia.

Caí. Mis rodillas golpearon el polvo justo después de que el último impacto de Gekio me enviara a volar contra un altar derruido. Nimpos observaba desde las sombras con una indiferencia gélida. Mis "amigos", mis compañeros de expedición, me habían destrozado. No solo físicamente; habían aniquilado la confianza que les tuve durante años. Fui el tonto soberbio que buscaba la aprobación de unos cuantos frustrados, y me pagaron con una traición que casi me cuesta la vida.

-Eres un estorbo, FEX- susurró Gekio antes de marcharse, dejándome morir entre las ruinas. -El Arca no es para lisiados como tú.-

Desperté horas después, o quizás días, como si nada hubiera pasado. Una extraña inercia me obligó a levantarme de entre los escombros. Desde aquel trágico día, mi vida se convirtió en un juego de sombras. He tenido que esconderme en los rincones más profundos de Asunción, moviéndome entre refugios temporales y callejones olvidados. He vivido escapando porque yo tengo lo que ellos ansían: la Llave de El Arca.

Defenderse ha sido un calvario; mi parálisis psicomotriz convierte cada movimiento en una apuesta. Mis músculos no siempre responden, mis piernas fallan en el momento menos oportuno y mis manos tiemblan cuando más necesito firmeza. Mientras camino por la ciudad, solo deseo una cosa: ser más fuerte.


4 de abril de 2026 - 10:30 hs

Caminaba por el centro de Asunción, intentando pasar desapercibido. De pronto, un calor intenso brotó de mi bolsillo. La Llave comenzó a vibrar. Era un pulso rítmico, una brújula espiritual. Seguí el rastro hasta encontrar una rejilla de ventilación desplazada que revelaba una escalera subterránea de piedra húmeda.

Bajé con dificultad, cada escalón era un desafío para mi equilibrio. Al fondo, me encontré en un santuario oculto bajo el asfalto. Pero la paz duró poco. Mi teléfono vibró en ese instante.

-Hola, ¿quién habla?- pregunté con la voz quebrada. La voz al otro lado era un susurro gutural, múltiple y gélido: -Sabemos lo que haces... ya nos encargaremos de ti.

Una explosión reventó la entrada superior del refugio subterráneo. El techo cedió y cuatro figuras cayeron pesadamente. Eran hombres de piel grisácea y ojos vacíos, moviéndose con espasmos violentos. Muertos poseídos.

|| FEX intentó ponerse de pie para retroceder, pero su pierna izquierda no respondió y cayó pesadamente sobre un montón de libros viejos ||

Un poseído le propinó una patada en las costillas que lo lanzó contra la pared. El aire se le escapó de los pulmones con un crujido espantoso. Con la vista nublada, vio cómo empezaban a quemar sus investigaciones acumuladas. -¡No!- || Se arrastró por el suelo y, con manos temblorosas por la parálisis, logró clavar un abrecartas de metal en el tobillo del poseído más cercano ||

El demonio ni siquiera gritó; simplemente lo pateó de nuevo en el rostro, dejando a FEX aturdido mientras una viga ardiendo caía sobre su torso, atrapándolo. Los atacantes se retiraron, dejando que el fuego terminara el trabajo del santuario.

|| FEX gritó de puro dolor mientras empujaba la viga con sus manos quemadas, logrando liberar su cuerpo a costa de jirones de piel y un hombro dislocado ||

Bajo la lluvia de Asunción, FEX salió de las ruinas del santuario subterráneo cojeando, con el rostro cubierto de sangre y hollín. -Gekio... juro que esto no se queda así...-

Llegó a su refugio provisional en un estado lamentable. Abrió su caja fuerte y sacó la "Llave de Sif", una pieza de hierro frío. No tenía armas mágicas, solo su voluntad de hierro y un cuchillo desgastado. Se vendó el torso con fuerza, apretando los dientes para no desmayarse por el dolor de las costillas rotas, y partió hacia la fortaleza de Gekio.

Al llegar a la entrada de la fortaleza enemiga, tuvo que trepar por un ducto de servicio, cayendo de bruces sobre el frío suelo de piedra. Al levantarse, se encontró con una docena de poseídos. No había espacio para la técnica, solo para la supervivencia.

|| El primer poseído se lanzó sobre él. FEX, con un movimiento torpe pero desesperado, le enterró los dedos en las cuencas de los ojos hasta sentir el crujido, usándolo como escudo humano mientras otro atacante le cortaba la espalda con un cuchillo || -¡Malditos!- || FEX empujó al ciego contra sus compañeros y aprovechó la confusión para clavar su cuchillo en la garganta de un segundo poseído, retorciendo la hoja hasta que la sangre negra le salpicó la cara ||

Apenas tuvo tiempo de respirar cuando un tercero lo agarró del cuello con fuerza desmedida. || FEX le propinó un cabezazo brutal que le rompió la nariz a ambos, y mientras el enemigo se tambaleaba, FEX le pateó la rodilla con su pierna sana hasta oír el hueso astillarse, dejándolo fuera de combate en el suelo ||

Avanzó por el pasillo a duras penas, dejando un rastro de sangre. Encontró a dos más custodiando la puerta principal del santuario interno de la fortaleza. || FEX lanzó una pesada lámpara de aceite al suelo frente a ellos, creando una cortina de fuego, y mientras los poseídos se cubrían por el instinto del cuerpo muerto, él los embistió con el hombro, apuñalándolos repetidamente en el vientre hasta que dejaron de moverse ||

Llegó a la cámara principal, donde se topó con el Guardián de Helheim: un coloso de metal y cadáveres de seis metros de altura.

|| La criatura rugió y lanzó un golpe de hacha masivo que FEX evitó por puro instinto, siendo lanzado por la onda de choque contra una columna de hierro. FEX escupió un coágulo de sangre; tenía la visión doble ||

El coloso no le dio tregua. Con su mano libre, atrapó a FEX de la pierna herida y lo estampó repetidamente contra el suelo de piedra. El sonido de los huesos astillándose se mezclaba con el rugido de la bestia. FEX intentó usar el cuchillo, pero la parálisis le bloqueó el brazo. El Guardián lo soltó, solo para patearlo con su bota reforzada, arrastrándolo varios metros por el suelo, dejando una estela de sangre y hollín. FEX quedó tendido, medio desmayado, con la respiración entrecortada.

Estaba muriendo. Lo sabía. Mientras la oscuridad se cernía sobre él, su mente viajó a un refugio clandestino, semanas atrás.

(Inicio del Flashback)

FEX abrió los ojos. El dolor era insoportable, pero ya no estaba en las ruinas. Un hombre lo observaba: Luigi, la única persona que lo habia salvarlo después de aquel trágico día de la traición.

-Luigi...- susurró FEX, intentando levantarse, pero su cuerpo falló de inmediato. -Es normal que haya acabado así. Mírame. Soy demasiado débil. Gekio tiene razón. No sirvo para nada.-

Luigi lo miró. No hubo lástima en su expresión, sino un enojo frío y serio. Se acercó a la cama y puso una mano firme en el hombro de FEX.

-Felix, no vuelvas a decir eso. - dijo Luigi con una seriedad que helaba la sangre. -Eres más fuerte de lo que crees. No te castigues por lo que te hicieron. Esos bastardos te temen porque sabes la verdad, y yo...- su voz se suavizó ligeramente, -yo te prometo que nunca dudaré de ti. No me rendiré contigo. No te atrevas a rendirte tú.-

FEX empezó a llorar en silencio, asintiendo levemente mientras Luigi apretaba su hombro.

-Sí...- logró decir entre sollozos.

-Eres muy fuerte, Felix.- Luigi lo miró fijamente a los ojos antes de que el recuerdo se desvaneciera. -Pero debes creer en ti mismo.-

(Fin del Flashback)

FEX abrió los ojos de golpe en el suelo de la cámara principal. El Guardián estaba a punto de descargar su hacha para el golpe final. Las palabras de Luigi resonaron en su mente, más fuertes que el dolor.

Un rugido visceral salió de la garganta de FEX. Sacó fuerzas de un lugar profundo, donde la parálisis no podía llegar. Se puso de pie, tambaleándose, mientras sus ojos empezaron a brillar levemente en un azul eléctrico.

En un estado de adrenalina pura, FEX se lanzó hacia adelante con una velocidad que sorprendió a la bestia. El hacha del Guardián descendió buscando cortarlo en dos. FEX, con un movimiento imposible, detuvo el hacha en seco con una sola mano, bloqueando el impacto mientras la piedra bajo sus pies se agrietaba.

Con la otra mano, desenfundó su cuchillo y, con un guion de batalla, cortó el brazo del Guardián por el codo, donde sostenía el arma. El hacha cayó al suelo. FEX guardó el cuchillo rápidamente en su cinturón y empuñó el hacha masiva con ambas manos, gritando nuevamente mientras la adrenalina corría por sus venas.

FEX comenzó a descargar múltiples cortes con el hacha sobre el coloso, con una brutalidad que no correspondía a su cuerpo roto. Cada golpe hacía saltar chispas de metal y trozos de carne muerta. El Guardián retrocedió, intentando protegerse con su brazo restante, pero FEX no se detuvo hasta que la bestia quedó completamente desmembrada y acribillada en el suelo, finalmente acabada.

Agotado, FEX soltó el hacha y se acercó al núcleo del Arca. Con un último esfuerzo, encajó la Llave de Sif en la ranura central y la giró con ambos brazos.

Una descarga de frío absoluto recorrió la sala. El Arca comenzó a sellarse, perdiendo la cohesión. FEX fue expulsado por la presión espiritual y quedó tendido en la oscuridad, rodeado de escombros y ceniza.

En las sombras de una alcantarilla, Nimpos miró su mano, que empezaba a necrosarse. -Han sellado el acceso...- Gekio golpeó la mesa con furia. -Ese lisiado... ¿cómo es posible que siga vivo tras esa paliza?- Gekio sonrió con desprecio absoluto. -Déjalo. Que intente huir. El Ragnarok ya ha comenzado en Europa.-

FEX llegó a lo que quedaba de su casa casi a rastras. Su maleta estaba manchada de sangre mientras metía sus pertenencias con manos torpes y vendadas. Cada respiración era un cuchillo en el pecho.

-Deberia investigar más, ya que se tomaron las molestias de querer acabar conmigo.. 

Se miró al espejo: un hombre destrozado, cubierto de cicatrices frescas y moratones, pero con una mirada de determinación que nunca antes había tenido.

Sus ojos comenzaron a brillar sutilmente con un color azul, emanando oscuridad, con una mirada seria llena de determinacion y frialdad.

-Esta vez, yo seré quien irá por ellos. 

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